TRASUNTO

(Del lat. transumptus, part. pas. de transumĕre, tomar de otro).

1. m. Copia escrita de un original.

2. m. Imitación exacta, imagen o representación de algo.

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Este blog nace con vocación histórica.

En él pretendemos plasmar artículos de contenido histórico que han ido apareciendo en la Revista de Ferias y Fiestas de Hervás a lo largo de los años a los que añadiremos algunas aportaciones personales del autor del blog.

El título del blog Trasuntos de Hervás está copiado, precisamente, del título de un artículo histórico aparecido en la Revista de Ferias y Fiestas de Hervás de 1962.

Somos conscientes que una parte importante del contenido de algunos de estos artículos antigüos ha podido ser superado por estudios historiográficos más modernos que han actualizado los conocimientos sobre la historia de Hervás, aún así nos parece importante rescatarlos del olvido y hacerlos accesibles a un público interesado.

domingo, 10 de junio de 2018

"POR HERVÁS DE TRECHO EN TRECHO". HERVÁS VISTA POR VICTOR CHAMORRO (I).

"POR HERVÁS DE TRECHO EN TRECHO" (I).
HERVÁS VISTO POR VICTOR CHAMORRO, 1981.

Copyright © 2018 Pedro Emilio López Calvelo

El escritor Víctor Chamorro publicó en 1981 un libro de viajes que tituló: "Por Cáceres de trecho en trecho", publicado por la Editorial Quasimodo. Se trata de un relato de viajes por distintas zonas de la provincia cacereña (Valle del Ambroz, Hurdes, Valle del Jerte, La Vera, Guadalupe,...) en las que Víctor aúna el valor documental con el literario aportando datos, citas históricas,... en un ameno relato como es habitual en otros casos de su abundante literatura viajera (Las Hurdes, tierra sin tierra; Extremadura. Afán de miseria; Guía secreta de Extremadura,...).

En el año 2009 la Obra Social de la Caja de Extremadura, reeditó una parte de este libro, el Trecho primero, dentro de la colección Visiones de Extremadura que lleva editando desde 2001 con motivo del Día del Libro, en una intención de fomentar la lectura y ampliar el conocimiento de su tierra entre los escolares extremeños.

En esta entrada trasuntaremos -dividido en dos partes debido a su larga extensión: haremos, pues, dos entradas-  el texto de este Trecho primero del libro Por Cáceres de trecho en trecho (de donde, como es lógico, hemos tomando el título de la entrada) en el que Víctor Chamorro hace una poética e interesante visión del Hervás de los inicios de la transición. Pensamos que así podemos hacer llegar este interesante texto a personas vinculadas con Hervás que desconocen esta obra de Víctor Chamorro.
Vaya por adelantado nuestro sincero agradecimiento al autor, a Víctor Chamorro que, de forma personal, me ha autorizado a la reproducción de este texto; de igual forma aprovecho esta oportunidad para agradecer a Víctor, desde el punto de vista del alumno suyo que fui durante tres cursos escolares, los muchos conocimientos históricos, geográficos y vitales que me aportó en aquellos lejanos principios de los años 70 del siglo XX en el Colegio Libre Adoptado de Hervás.



POR CÁCERES DE TRECHO EN TRECHO
(Trecho primero)
HERVÁS

[...] Acabas de llegar a Hervás, pulmón de oxígeno extremeño: oxígeno de su monte de castaños -uno de los más importantes de Europa- que rodea un valle verde en el que el pueblo parece dormir. Hace siglos fuer más que monte selva, como nos lo recuerda Alfonso XI, en su libro de Montería, confirmando que Hervás era buena tierra de osos.
Has llegado, así mismo, al más importante centro veraniego de Extremadura -cabecera natural entre Béjar y Plasencia- y rápidamente se te hará añicos la vieja realidad de las encinas polvorientas y los despellejados alcornoques como sebastianes, de la merina y el porcino. En Hervás no encontrarás el árbol que singulariza esta tierra, pero sí verás árboles de área climática oceánica, así como el verde gallego, el astur, que te entrará por los ojos como un manchón sin reposo: verde natural, junto a verde civilizado de parques, choperas, pinares, e hileras de árboles y rectilíneos parterres que acompañan el cemento. Un par de meses el verde se cubrirá de blanco y creerás entonces encontrarte en un vallecito tirolés presidido por la mole del monte Pinajarro, cargando de hombros bajo el peso de la nieve. Monte hierático, solemne, totémico que atrajo la pluma de Madoz para definir la sierra de Pinajarro como:

"asperísima y notable por su elevación, muy superior a las demás que la rodean por su desnudez desde los dos tercios de su altura, por la nieve que en ella subsiste todo el año y, más principalmente, porque de sus manantiales tiene origen  el río Ambroz. Sus nieves son una mina abundante que facilita grandes intereses a la población, por el mucho consumo que de ella se hace para la mayor parte de Extremadura".


El progreso acabó con aquellos sacrificados neveros que partían de noche hasta la sierra y regresaban a mediodía con sus acémilas cargadas de nieve para los ponches de las tardes de verano.

También durante un par de meses el verde diluirá en amarillas de hierba agostada: manchones impresionistas de Manet, amarillos rojizos de Van Gogh, cobre de chopos, cerezos y viñedos en otoño, y un aire dorado, evocador, al que le iría perfectamente, un fondo musical de polonesa.

Tres kilómetros de sinuosa carretera separan al pueblo de la general 630. Te sorprenderá un alcázar moderno que preside las peligrosas curvas serpenteantes entre prados y zurcidos huertos. No te arredres y entra, que es hotel confortable y de ajustado precio. Desde sus habitaciones y terrazas puedes contemplar un paisaje de viejas montañas redondeadas por cuyas faldas trepan millares de castaños tupidos. Pero más de un viajero no alertado -y sin suerte a la hora de tomar habitación- puede encontrarse con la sorpresa de un espléndido amanecer con piar de pájaros en la ventana; y, al asomarse, la visión de un cementerio recoleto, soleado, capaz de inspirar cierta intimidad si el sorprendido no es excesivamente susceptible a las cuestiones de ultratumba. Desayuna tranquilo los churros del lugar -o la excelente bollería- y visita el cementerio. No pienses que voy a ensombrecerte el viaje con ningún tipo de moralina manriqueniana. Pero merece la pena traspasar la cancela para encontrarse, a mano derecha, una diminuta obra maestra alumbrada por las faraónicas manos de un cantero que, durante años, a ratos perdidos, labró en granito su inmortalidad. Se trata de un mausoleo familiar en el que la espantable calavera convive con bajo-relieves de conquistadores, medallones, estatua de mujer arrodillada, hornacinas, y todo un puzzle de símbolos e inscripciones en latín macarrónico que se refieren a ultratumba y a la Cruzada. Pastiche entre románico y surrealista nacido de la evocación de muerte de un hombre que tuvo la desgracia de no estar enterrado en el mausoleo que trabajó tan concienzudamente. El conjunto desprende sabor a obra de cantero primitivo, expresivísimo, de labra tosca pero dramática. Los recuadros con los niños de primera comunión parecen haber sido extraídos de una pesadilla.

 Cementerio de Hervás: mausoleo esculpido por Balbino Ginarte Ciprián
  Si piensas que llegó el momento de tomar un aperitivo -la contemplación de lo funerario suele despertar apetencias de disfrute- te encuentras en un pueblo muy apto. Elige cualquier camino, cualquier calle, y sin que lo pretendas llegarás a una plaza pensada para tomar el tibio sol de otoño, o la sombra bajo sus soportales de piedra berroqueña. Plaza para el descanso y la lectura en las terracitas adormecidas por el murmullo del agua de su fuente, y sobresaltada por el incesante trasiego de vehículos. Se titula Plaza del General Franco, pero este pueblo parece como si hubiera estado de espaldas a los rectores, que así la bautizaron, y siempre la conoció con el entrañable nombre de La Corredera, pese a la bonita placa de mosaico talaverano con el rostro del Caudillo, tan jovencito y regordete. Aquí nadie anhela y reivindica -como en otros lugares- que los regidores de la villa caigan por fin en la cuenta de que ya periclitó la andadura histórica del franquismo. Ellos mantienen la plaza y el nombre porque sus nostalgias tendrán. Y el pueblo es comprensivo. Pero el pueblo, por algo soberano, zanjó hace años el asunto de espaldas a lo oficial llamando a la plaza La Corredera. Así que no preguntes por la plaza del General Franco porque lo mismo te orientan -sin mala intención- al cuartel de la guardia civil.


Plaza de La Corredera
(Puede apreciarse, a la izquierda, la bonita placa de mosaico 
talaverano con el rostro del Caudillo, que cita Víctor Chamorro)
 
También se esforzaron los rectores por colocarle al parque apellidos ilustres; pero este pueblo tampoco entró por el aro de robarle intimidad a un sencillo y pueblerino nombre: El Parque, cargándose con las solemnes galas de apellidos franquistas.

La Cruz de los Caídos -frente al hotel- es una prueba más del trabajo que le cuesta a esta comunidad marchar al compás de las solemnidades patrióticas. Las letras de bronce han ido cayendo y dificultan una lectura con saltos y lagunas adivinadas. Manos anónimas han retorcido flechas y yugo -también de bronce- creando un auténtico Chillida.

Cruz de los Caídos y Rollo de Hervás
Fuente: Francisco Gil Navas (Facebook Hervasenses)

Y es que has llegado a Hervás, extraño mestizaje de tradición y modernidad, pueblo liberal que junto a una discoteca con rayos láser conserva un casino de señores; o un cine que proyecta las películas más progres, junto a otro que proyecta ciclos de cine S; patronos socialistas que tienen obreros militando en UCD; universitarios que pagaron una matrícula junto a albañiles pintores y jornaleros que escriben sencillos poemas a lo Berceo; pasotas y roqueros: Macondo ácrata y extraño en el que un carnicero se anuncia con un bisonte que muge no tener miedo a ser sacrificado pues Tinín sólo vende la mejor ternera que anuncia en una pizarra, en la que puede leerse: filetes que curan el complejo de Edipo

Publicidad: carnicería Tinín, Hervás
Fuente: Revista Ferias y Fiestas Hervás (años 80)
 Tómate esa copa tan dilatada. Pide el vino de pitarra. O un cañamero turbio, de alta graduación, vino de uva que ha madurado suficientemente en suelos pizarrosos y que ha pasado por madres óptimas. En Los Conos, barrio judío, podrás degustar excelentes caldos artesanos. Cerca de los Conos están las Cuevas del Calvo. Allí encontrarás un hombre -su dueño- de patriarcales barbas entrepeladas y la cabeza como una bola de billar. Por algo se dice de él que no tienen un pelo de tonto. Hombre de fácil y agradable conversación te contará sus andanzas y puede que te invite a que le firmes un autógrafo en el libro de reclamaciones. Su cueva es un auténtico rompecabezas en el que se mezcla una calabaza con una banderilla y ésta con una ubérrima mujer de calendario de camionero que, junto a otras, componen el peculiar harén de papel de este hombre soltero que un día dijo sólo se casaría cuando encontrara a una mujer de su mismo sexo.

Las Cuevas del Calvo

Si tienes apetito y deseas unos excelentes pimientos rellenos con carne, o lengua estofada, o callos picantes, pregunta por El Refugio en donde con un poco de suerte puedes encontrarte el rostro rabino de Pablo Castellano que cuando visita Hervás toma sus copas  en lo que se llama La Sede. O a otro ilustre socialista, Gaspar Zarrías, que desde Jaén se pierde con frecuencia por estos bares.


Publicidad de distintos establecimientos de Hervás
Fuente: Revista Ferias y Fiestas Hervás (años 80)

Has llegado al paraíso del chateo en el que es parada obligada el Mesón de la Vaca Brava, con dos enormes lumbres de suelo -de excelente tiro- buen cobijo para el frío del invierno. Larguísimas mesas de castaño macizo -mesas de Santa Cena- y taburetes rústicos se comparten democráticamente para consumir el vino del lugar con el chorizo, la jeta, las chuletas, el lomo de cerdo, o las sardinas: todo a la brasa.

Pero estamos en Hervás, judíos los más, y esta conseja quiere decir algo en una tierra en la que judíos, moros y cristianos interpretaron papeles encontrados. Dicen que este barrio es uno de los mejor conservados de España. ¡Pues cómo estarán los otros!. Pero aún mantiene rincones intactos que deberás buscar  perdiéndote por calles angostas, de rollos, y algunas tan estrechas que los gordos deberán abstenerse. No es cuestión de exagerar lo que puede verificarse: busca la calle más estrecha del mundo, y tú mismo lo comprobarás.

Casas de adobe  y ahumadas maderas de los entramados de castaño. Conjunto Histórico-Artístico salpicado de algún chalecito que no hermana, precisamente, con el levítico ambiente, ni con el secular adobe hoy blanqueado a grandes lienzos, o recubierto de uralita. Automóviles recorriendo, asmáticamente, el laberinto de calles pensadas para vivir, para trasiego de personas y animales de trabajo, para el descanso de ancianos en las sillas de paja y madera, para el juego de los niños. Coches agrediendo la zona monumental como una bofetada de progreso incivil que aún, nadie, ha tenido la imaginación de prohibir. Calles y plazas de exóticos nombres: Rabilero, Sinagoga. Dicen que aquí vivieron hombres tan prepotentes como los Cohen, los Aben Haxiz, los Bellida de la Rica, acostumbrados a prestar dinero a los reyes. Llegarás a pensar si tales prepotentes serían masoquistas, acaso ascetas, porque podrían haber vivido en casas más confortables. ¿Acaso no sería más coherente que los judíos -conversos- hubiesen habitado las espaciosas casas de la parte cristiana y este barrio hubiera sido un ghetto morisco? Lo cierto es que en Hervás siguen siendo nombres corrientes Zabulón, Neftalí, Rubén, Sara, Judith, etc.


Imagen clásica del Barrio Judío de Hervás

Adagios, leyendas, tradiciones, hablan de una colonia que marchó de aquí con las expulsiones. El famoso rapsoda Emilio González de Hervás ha escrito un romance de cómo judíos y cristianos se hermanaron para constituir una sola comunidad, antes separada por el odio de religiones irreconciliables. Narra Emilio que cada comunidad vivía en un territorio respetado para evitar fricciones. Pero hete aquí que un mancebo aguerrido y cristiano se enamora de la bella hija del Rabí. Amparados en las tinieblas tienen sus citas junto a una fuente llamada Chiquita. Espías del Rabí le comunican que su hija cuenta secretos de raza a un cristiano. Los jóvenes son apuñalados. El cura baja al barrio judío, increpa a los asesinos, les llama deicidas, entona el Dies irae, dies illae y ante el verbo arrebatado de aquel Castelar del púlpito, los judíos, acongojados, se convierten en masa.

Indaga a las mujeres más ancianas del barrio y alguna te dirá que los rabinos tenían rabo. Piérdete en la noche por este laberinto de callejuelas aromadas por racimos de geranios y percibirás rememoranzas morunas si tienes la suerte de que la luna teja sombras y penumbras propicias para que la imaginación vuele al medievo. [...]

                                                              (Continuará en breve)


5 comentarios:

  1. Como siempre Emilio, me haces despertar de un letargo desconocido y muy bien relatado, gracias.

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    1. Pedro Emilio Lopez Me ha. encantado leer todo lo que relatas, me has removido toda la memoria y regresar a tiempos pasados. miles de gracias, por toda tu dedicación y hacernos llegar todas estas historias sobre Hervás. Un abrazo.

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  2. Me pide Víctor Chamorro que te agradezca en su nombre (ágrafo en cuestiones de Internet) el trabajo realizado. Muchas gracias Pedro.

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    1. Gracias, Jonás: dale un abrazo de mi parte a Víctor.
      En los próximos días haré una segunda entrada con la otra parte del texto (me parecía muy largo para una sola entrada)
      Saludos

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